AL FINAL LA PAGARÁN LOS FUNCIONARIOS


LA AZOTEA

AL FINAL LA PAGARÁN LOS FUNCIONARIOS

Me refiero al proyecto de referéndum independentista y a la guerra jurídica que mantiene el Gobierno y la Generalitat. Está claro que las decisiones políticas, o jurídicas, las llevan a cabo funcionarios. Por eso todo depende de su obediencia a las disposiciones de unos y otros. También está claro que el funcionario se debe en primer término a la legalidad sobre la que se fundamenta el acceso a su plaza: acceso que no tiene nada que ver con una empresa privada, sino que en la función pública se “gana” la plaza “en propiedad” mediante la correspondiente oposición, y salvo desobediencia a la Ley (ahí vamos) no corre el riesgo de perderla. Por eso, desde mi punto de vista, la Generalitat lo tiene un tanto crudo, ya que salvo que se sea un “militante de la causa” ningún funcionario querrá arriesgar el pan de sus hijos por decisiones de sus jefes. Estos sí, son cargos políticos, es decir, de confianza, es decir totalmente circunstanciales y… prescindibles (por elecciones o por decisión judicial).

Lo lamentable es que se haya llegado (o se llegue) a esta situación, en que unos funcionarios (los interventores, los policías autonómicos o los directores de los Colegios a los que se reclame su colaboración para celebrar el referendum), si nadie lo remedia, se verán obligados a decidir a quién obedecen, exponiéndose a las consecuencias de la decisión que tomen, según el resultado que salga. Desde mi punto de vista, creo que los gobernantes actuales de la Generalitat no han generado más que división social en Cataluña, metiéndonos de paso a todos en un conflicto como los que históricamente han asolado España (¡y que viva Cartagena!).

En fin, en este aspecto estoy de acuerdo con la idea de que la soberanía reside en el pueblo español, y en lo que a mí respecta no veo la razón para renunciar a mi trozo. Por eso tampoco estoy de acuerdo en plurinacionalidades basadas en una lengua vernácula (como tenemos tantos), o en costumbres propias (como si los demás no tuviésemos), y formadas por quienes circunstancialmente viven en este momento en Cataluña, como podrían no hacerlo mañana.

¿Cuántos catalanes de origen, pero no residentes, no podrán votar si el referéndum se lleva a cabo, aunque quisieran, y a la inversa…?

Dicho esto, también creo que el Gobierno actual debería haber hecho algo más en todos estos años por arreglar la situación. Quizá simplemente haciendo que se “note” la presencia del Estado en las diferentes comunidades y territorios. Todos recordaremos los carteles de “Obra financiada con fondos europeos”. Es un ejemplo, pero creo que los servicios que financia y paga el Estado, o ayuda a pagar (como por ejemplo las medicinas de los jubilados catalanes) deben ser puestas de manifiesto. Además de un poco más de mano izquierda y “afecto”, recalcando las cosas que nos unen.

Para finalizar, se me ocurren algunas pro- puestas para desbloquear la situación. Qué tal un referéndum en toda España con dos preguntas. La primera: ¿Desea que Cataluña sea un Estado independiente? Y la segunda: ¿En caso de que Cataluña se constituya en un Estado independiente desea que forme parte de la Unión Europea? Y luego, con el resultado, en toda España, que tomen/tomemos decisiones.

POSDATA. Me sorprende que cuando todo el mundo se escandaliza con la corrupción y el fraude, cuando estos tocan el mundo del fútbol, tal como reflejan los problemas de conocidos futbolistas y clubs de fútbol con Hacienda, por no hablar de los del presidente de su federación con la justicia, parece que todos miramos hacia otro lado, cuando no se justifican o se atribuyen a persecuciones de (jueces) aficionados rivales. Por no hablar del escándalo que supo- nen las cifras que se manejan en esos ámbitos (sueldos, fichajes, regalías), en comparación con otros más productivos socialmente. Por poner un ejemplo, el dinero que se invierte en ciencia y tecnología o si se quiere el sueldo que se le paga a un científico. Seguramente será cosa de que el fútbol es algo más que un negocio (más que un club, el sentimiento de la hinchada, la mareona, etc.) pero también pienso que esta diferente vara de medir es la que alimenta precisamente ese sistema. Y todos somos culpables.

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