MARIBEL GIJON, UNA ENFERMERA FOTOGRAFA


Orígenes quirosanos.

Maribel Gijón, es quirosana por los cuatro costados. Su madre Maruja, sus abuelos maternos Vicente y Amada de Vallín, su padre Isolino, sus abuelos paternos Emilio y Sagrario de Villaurille, cree que no tiene ni una gota de sangre de ningún otro lugar. A principios de los 60 sus padres se trasladan a Mieres y con ellos Maribel y su hermano. Maribel tiene apenas 3 años y crece allí. Acude al colegio, pasa su infancia y juventud hasta que independizada y se traslada a Gijón donde vive actualmente. Afirma que “Quirós, Mieres y Gijón están grabados en mi alma y en mi corazón, los tres lugares son parte de mí de la misma manera y por igual”. Sin embargo, a pesar de vivir fuera tantos años, no pierde en ningún momento su relación con Quirós, “éramos de esos niñ@s que teníamos pueblo, algunos amiguin@s nos decían con pena de no tenerlo ell@s también. A los pocos días de tener vacaciones en el colegio en mi casa ya estaban las maletas preparadas para ir con los abuelos a pasar las vacaciones de verano, Navidades y Semana Santa”.

Cuenta el viaje de Mieres a Quirós como una auténtica aventura, esperando en la estación el tren del Vasco, trasbordo rápido en Fuso la Reina, y luego delante de la Fabrica de Trubia coger la línea que les conducía hasta Bárzana, “recuerdo el quiosco con la máquina de bolas de chicle enfrente, había que echar moneda, no recuerdo cuánto costaban, pero una bola pa cada uno nos compraban mientras esperábamos y luego la subida hasta Vallín. Mis padres estaban unos días pa ayudar a la “yerba” o al “sanmartin” y volvían a Mieres, nosotros quedábamos todas las vacaciones. Casi ya terminándolas volvían mis padres para bajar todos a Villaurille con los abuelos paternos, ellos para ayudar también a la “yerba” y demás labores temporales y nosotros para compartir el tiempo que quedaba de vacación también con ellos”.

Recuerda esos días con gran ternura. Olores, sabores, sonidos. Recuerda hasta el lugar de cada piedra. Su abuela Amada preparando las fiambreras pa llevarlas al prao pal almuerzo del resto de la familia que hacia horas que ya estaba en la labor, “ella quedaba haciendo la comida y con los nenos, pa luego ir ya con todo y con todos a llevarla. Entonces ella se unía al trabajo. A nosotros, a veces, nos dejaban un garabato o una …, ¡no recuerdo del nombre! pa revolver la “yerba”, nos mandaban a por agua, que por cierto siempre estaba el manantial en lo mas alto del prao e íbamos refunfuñando, pero sobre todo nos mantenían a la sombra de alguna castañal, seguro que pa que no estorbáramos. Recuerdo jugar a hacer formas con las hojas de la castañal quitando la hoja entre los nervios pa dejar hojas diferentes, ¡qué recuerdos!” Los colchones de lana, incluso uno de hojas que hacia ruido en el que querían saltar pa que sonara. El tiempo de Navidad viendo nevar por la ventana desde la cama. Escuchar los sonidos del desayuno que hacían los mayores bien temprano, los días de “sanmartin”, querer dar al rabil de la máquina de hacer chorizos, hacer las casadiellas “todos teníamos tarea, hombres y mujeres, mis abuelos, mí madre, mí tía y nosotros con un trocín de masa que nos dejaban pa hacer alguna. Al pensarlo ahora aun soy capaz de ver toda la escena en aquella pequeña cocina”. Recuerda también la casa de sus otros abuelos en Villaurille. Su abuelo Emilio haciendo manteca, su abuela Sagrario en la cocina preparando comida para todos. Sentados y charlando en la mesa. La sidra en vasinos pequeños pa los mayores. Compartir habitación con su abuela y ver la luz colándose por la mañana a través de la claraboya. “Tengo grabados en mi memoria aquellos juegos y picardías infantiles en Vallín, junto a los nenos del pueblu, machacando moras, buscando nidos, ¡hasta murciélagos!, jugando al cascayu y hasta alguna escapada todos juntos por la noche, no digo a donde que esto aun es un secreto jeje.”

Con quince años pasa en Vallín su último verano. Lo tiene grabado en su memoria. Ese invierno sus abuelos cogieron una gripe y aunque se resistían, se trasladan a Mieres donde tenían su piso vacío para estar cerca de los hijos. Ellos durante años continuaron yendo a temporadas, pero Maribel no. Sí regresaba a Villaurille donde se seguía ayudando a los abuelos, pero ya de otra forma.

A la vuelta de los años con su familia y sus niñas pequeñas cada vez que iba a Villaurille a ver a sus abuelos empieza a sentir la necesidad de volver a Vallín. Se da cuenta de que quiere enseñar a sus hijas a valorar el sentimiento que la une a la aldea y empiezan a ir hasta allí de paseo. La casa había sufrido el paso del tiempo y llevaba demasiados años deshabitada. Con el tejado caído deciden repararla y empezar a ir con las niñas, “así lo hicimos durante unos años, pero la adolescencia llega y empezaron a resistirse a ir. Sus amiguinas estaban en Gijón. Ahora ya mayores les gusta ir. Así que esa parte que quise que se mantuviera está en ellas.”

Durante años ha seguido yendo con su madre siempre que podían, “a ella le gustaba ir, había que poner todo limpino, no vayan a creer que esta la casa abandonada, me decía. Ahora voy siempre que puedo y siento los días que allí estoy como un respiro y una recarga de energía para volver a la ciudad a los quehaceres habituales”.

Maribel, una enfermera fotógrafa.

Laboralmente Maribel es enfermera en la sanidad pública. Una profesión que eligió y que le gusta. Vocacional no tiene problema en denunciar el estado en el que se encuentra este fundamental y básico servicio público “llevo muchos años como enfermera y creo en la labor de los sanitarios y del resto de trabajadores en los servicios públicos, aunque a veces apetezca tirar la toalla ante la falta de recursos por recortes cada vez más evidentes”.

Desde muy pequeña se siente atraída por la fotográfica. “Empiezo a hacer fotografías desde cría cuando un año llega la primera cámara fotográfica a casa de mano de los Reyes Magos, para mi hermano y para mí, cuando yo tenía 12 años. Seguramente llevábamos tiempo dando la lata pidiéndola. En ese tiempo la utilizábamos los dos como un juego. Mi hermano era el que compraba los fascículos que en la época se vendían para aprender a hacer fotos, y los dos hicimos tardes de sesiones fotográficas en casa y llevábamos la cámara a todos lados. Esa fue mi primera formación fotográfica.”

Ya más en serio, alrededor de los años 80, empieza a asistir a los primeros cursos en la Universidad Popular de Gijón y también en escuelas privadas. Era la época de fotografía analógica. Sin embargo, conciliar familia y trabajo la obliga a reducir el tiempo de su pasión. Hacer fotografías y, sobre todo, pasar horas revelando en el laboratorio quedaron en un segundo plano y en este tiempo solo hace  fotografía familiar o de viajes en familia. Al llegar 2011, con las niñas ya mayores, recupera tiempo y retoma la actividad fotográfica. Ha llegado la revolución digital y retoma su formación por los mismos cauces y también de forma autodidacta.

Si le preguntas si un fotógrafo nace o se hace te dirá que “Junto a una sensibilidad innata, sin duda hacen falta muchas horas de formación para saber lo que se hace y, sobre todo, para que el resultado en una fotografía sea lo que realmente estamos buscando. Una buena técnica es importante, pero creo que cuando vemos una obra no sólo vemos la técnica. Esa parte del alma o del corazón que el autor/a puso en ella es lo que realmente transmite. Hoy parece muy fácil “hacer fotos”, y lo es, la mayoría de las cámaras tienen un modo automático donde se pueden hacer y “quedan bien”. La cámara lo hace todo, solo hay que apretar el botón, pero si lo que quieres es hacer fotografía y que el resultado sea el que tu quieres, entonces no queda otra que horas de estudio y practica, como en cualquier otra disciplina”.

A Maribel le gusta experimentar técnicas, la fotografía urbana, el retrato y, sobre todo, contar historias. Le gusta explorar, expresar, transmitir, no creo que me gustara como mi forma de vida. Pienso que eso cambiaría totalmente la perspectiva a la hora de crear o de realizar proyectos que me vienen a la mente.  Tener una profesión diferente me permite hacer en fotografía lo que realmente me gusta. Como fotógrafa hasta el momento he participado en Gijón y en Madrid en exposiciones colectivas, exposiciones solidarias, publicaciones en revistas y libros sobre fotografía y también de otras temáticas. He realizado exposiciones individuales. He ganado y/o sido finalista en varios concursos, aunque no soy muy dada a participar en ellos”.

En este momento está trabajando en un nuevo proyecto desde hace mas de un año, sin saber muy bien si verá la luz ante la situación de crisis actual y en su cabeza hay un revoltijo de proyectos en plena efervescencia. “Creo que mi gusto por la fotografía es consecuencia de mi infinita curiosidad por todo. El visor me permite mirar y ver más allá que mis propios ojos, y muchas veces de una manera muy diferente. Ver, imaginar, intentar atrapar eso que imagino me abstrae completamente. Creo tener suerte de poder mirar la vida de distintas maneras”.

De Puertas Adentro

Cuando le proponen llevar la obra “De Puertas Adentro” a Quirós sintió algo especial. Por un lado exponer en su tierra de origen y por otro que esa propuesta saliera precisamente de un grupo de mujeres, ir de la mano de La Asociación de Mujeres del Valle de Quirós, mujeres que tratan de mover e impulsar la cultura en Quirós, le provocan una intensa emoción.

“De puertas Adentro” surge de la necesidad “de gritar” lo que durante un largo período de tiempo hs sentido a su alrededor. Una especie de catarsis que desembocó en una serie de instantes atrapados gracias a la cámara. Se trata de un trabajo fotográfico intimista que cuenta, a través de imágenes, esa parte de nuestro mundo desconocida para los demás, la parte más intima del sentir, la que por diversas razones escondemos durante mucho tiempo, cuando por circunstancias de la vida estamos llenos de miedo, atrapados, resignados, asfixiados…Son distintas circunstancias las que nos pueden hacer entrar en ese círculo de soledad y dolor, impotencia y miedo. Espiral de la que muchas veces es difícil salir. Cuando al encontrarnos perdidos y sin salida, esta situación entra a formar parte de nuestro día a día sin darnos apenas cuenta, cuando incluso viendo una salida, la incertidumbre y el miedo nos hace caminar muy despacio. En definitiva, se trata de una serie que indaga en los sentimientos más profundos y en las encrucijadas de la vida.

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